Hoy se cumplen 2 años desde que nuestra familia ‘sufrió’ su último incremento. En la mañana del 18 de Octubre de 2008, sábado para más señas, salíamos de viaje Alma, Dani y un servidor.
Destino: Alzira, en la provincia de Valencia.
Misión: Recoger al nuevo miembro de la familia.
Tras un viaje sin incidencias, llegamos a Alzira con más de 1 hora de antelación. Decidimos dar un paseo para hacer tiempo e intentar calmar nuestros nervios. Después de deambular por la zona cercana al punto de encuentro durante 20 minutos, no podíamos aguantar más y nos encaminamos a la puerta.
Nos recibieron muy bien y unos minutos después pudimos verla. Ahí estaba, por fin en carne y hueso, la que tantas veces habíamos visto en foto en los últimos días, nuestra perrita Nit.
Tras el papeleo correspondiente y la revisión médica, salimos de allí. Se detuvo 1 segundo, miró hacia atrás, nos miró a nosotros y siguió caminando. Fue algo así como si se diera cuenta de que ya no iba a volver a ver a aquel que la había estado cuidando durante los últimos meses, y que aceptaba de buen grado venirse con nosotros.

Nit hace 2 años
Comimos en una terraza algo rápido y nos metimos en el coche para iniciar el viaje de vuelta a casa. Acomodamos a Nit detrás de mí, al lado de Dani. Al cabo de un rato Dani cayó dormido. En ese momento, Nit se incorporó, se acercó a Dani, le olió de arriba a abajo, volvió a su sitio y se durmió. Terminó de ganarse nuestro corazón.
Desde aquel día han pasado, como reza el título de este post, 2 años, 730 días con sus 730 noches, que han sido más agradables de lo normal gracias a sus reacciones, a sus caras, a sus demostraciones de cariño… Incluso hemos conocido gente maravillosa gracias a Nit, pero eso ya lo sabíais desde la entrada anterior.
En definitiva, que estamos encantados con Nit y sabemos que ella está encantada con nosotros.
Y pensar que yo era reacio a meter un perro en casa…